SHANDOKA CYCLES
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Somos el perro de Pavlov

22 de abril de 2023 · 4 min de lectura

Blog de Shandoka, abril de 2023

Motos custom alineadas en el campo de un rally

"Huelga decir que el deseo de realizar la tarea con mayor seguridad, de evitar el desperdicio de tiempo y de trabajo, y de cuidar lo más posible a nuestros animales de experimentación, nos hizo observar estrictamente todas las precauciones que toman los cirujanos con sus pacientes." - Ivan Pavlov

Un paralelo que trazo seguido en mi mente mientras observo el taller de Shandoka es el que hay entre nuestra relación con la potencia mecánica y el famoso experimento del perro de Pavlov, de finales del siglo XIX. El trabajo revolucionario de Ivan Pavlov mostró cómo se podían cultivar respuestas condicionadas con el tiempo. Entrenó a unos perros para que asociaran el sonido de una campana con la anticipación de la comida, lo que los hacía salivar al oír la campana, aun cuando la comida ya no formaba parte de la ecuación.

Esta poderosa demostración del condicionamiento es paralela a nuestro propio recorrido humano hacia la mecanofilia, el amor puro e inquebrantable por las cosas mecánicas. A lo largo de varias décadas, nos han condicionado a asociar el rugido de un motor de combustión con nuestro propio dominio de la potencia mecánica. Esa asociación empezó hace más de cien años, cuando cambiamos a nuestros fieles compañeros equinos, que comían pasto (y funcionaban con energía solar), por caballos mecánicos: vehículos para mover gente y cosas que ofrecían más velocidad y utilidad, pero que necesitaban más mantenimiento y cierto combustible líquido para andar.

El condicionamiento siguió durante más de un siglo y grabó muy hondo en nosotros una conexión entre el retumbar de un motor de combustión y la potencia pura que tenemos a nuestra disposición. Está tan fijo en nuestra psique que el ritmo de un motor puede hacer que el corazón nos baile a su compás. Muchas veces basta con pensar en ese rugido para sentir una emoción y una expectativa reales. Igual que a los perros de Pavlov, a algunos humanos se nos cae la baba con el sonido de un motor bien afinado (me incluyo).

Este vínculo entre el golpeteo de un motor y la potencia pura desató una ola de creatividad sin precedentes en torno a la bestia mecánica conocida como motor de pistón. Nos ha dado una impresionante variedad de motocicletas, y cada una es una expresión única del ingenio humano, del estilo y del deseo de velocidad y potencia.

Los rallies de motos son donde este desborde de creatividad toma forma física. Un mecánico con experiencia puede aprender mucho sobre la habilidad y la atención al detalle de un constructor con solo escuchar la máquina. El sonido del motor te dice qué tan bueno es el constructor: no importa cómo se vea la moto, si suena mal, lo más probable es que su desempeño vaya por el mismo camino. Hasta las máquinas que no andan suelen tener una gran historia que contar.

Los constructores que conoces en un rally son de la gente más curiosa intelectualmente y con más inclinación creativa que vas a conocer en tu vida. Tomar una idea básica, bosquejarla en el lienzo de nuestra mente y darle forma con nuestras manos a partir de materiales en bruto es una de las cosas más propiamente humanas que hacemos. Hacerlo bien, hasta llegar a una máquina que funcione y que nos lleve por el mundo, requiere un nivel de agudeza, creatividad y conocimiento técnico que poca gente tiene en estos tiempos modernos.

Muchos constructores de motos eléctricas recurren a la imitación y al camuflaje para ganarse la aceptación de una escena motociclista tradicional que no terminan de entender. El equipo de Shandoka va por otro camino. Nos apoyamos en nuestras fortalezas técnicas y abrazamos el espíritu de la artesanía tradicional, al mismo tiempo que rendimos homenaje al arte del trabajo en metal, a la creatividad mecánica y a una visión de diseño completa. Nuestra meta es crear una moto eléctrica indiscutiblemente ruda que se sostenga con orgullo por mérito propio.

No queremos encerrar nuestra tecnología de tracción eléctrica en una forma que se concibió y se perfeccionó para las exigencias físicas de otra tecnología. Queremos que nuestras máquinas tengan su propio aspecto y su propia integridad, sin arrancar de raíz las expectativas y la sensibilidad de la comunidad motociclista que ya existe.

Así que, mientras nos disponemos a domar una vez más a la bestia que montamos, toma tus llaves favoritas y ajústate bien los guantes. Nos espera un viaje inolvidable.

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